Instituto Bolivar

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Instituto Bolívar

 

Misión

El Instituto Bolívar se inspira en la Gran Reunión Americana que Francisco de Miranda, el Capitán de la Independencia Americana, fundó y alentó en Londres.

La Gran Reunión Americana era el centro mundial de la actividad conspirativa por la Independencia Americana. Hacia él dirigían la mirada quienes en ambos lados del Atlántico se comprometían en la lucha. Numerosos Próceres estuvieron afiliados, y ante ella prestaron juramento los dos Libertadores.

Para sus miembros, Hispanoamérica es una unidad que denominan América Meridional y Nuestra Patria. En sus confines que van de Méjico hasta la Tierra del Fuego sólo conocen provincias y comarcas, y se titulan paisanos y compatriotas. Se imaginan que la independencia debe conquistarse mediante “una explosión combinada y general de todos los pueblos de la América Meridional”.

Esta visión global de la revolución es la idea directriz de la actividad conspirativa de Miranda: dispone de relaciones influyentes en Europa y Norteamérica, sostiene agentes a lo largo del continente, mantiene correspondencia con numerosos Próceres, y preparando el momento decisivo, se dirige a los Cabildos, órganos de la voluntad americana, desde México hasta Buenos Aires, instándolos a declarar la Independencia y a coordinar sus esfuerzos.

Para la futura República Continental, Miranda bosqueja una Constitución Federal. Una Dieta Imperial detenta el Poder Legislativo; el Poder Ejecutivo está confiado a dos ciudadanos, que llevan el título de Inca y nombran dos Cuestores o administradores del Tesoro Público, dos Ediles encargados especialmente de la construcción y mantenimiento de las vías públicas y dos Censores encargados de la instrucción pública, de la observancia de la moral y las buenas costumbres, y de los censos de la Federación. Este bosquejo de Constitución para el “continente Américo-colombiano, alias Hispanoamérica”, como Miranda lo titula, tiene – apartando la cuestión de su viabilidad – el mérito invalorable de su visión unitaria continental.

Para Miranda, nacido en 1750, la unidad del Estado Indiano era una realidad. La realidad de su época. Los realizadores de la Independencia, sus discípulos espirituales, tuvieron que enfrentarse a la realidad de una América independiente pero fraccionada. Ambas corrientes independentistas, la del Norte bajo Bolívar y la del Sur bajo San Martín, tuvieron un plan reunificador, que fracasó ante el impulso disgregante de las ambiciones locales. En un esfuerzo supremo, Bolívar trató de contenerlas mediante la Confederación Hispanoamericana y la Federación Boliviana, que también fracasaron. Pero ante la Historia Bolívar será más grande como Precursor de la Reunificación que como realizador de la Independencia.

Por estas razones la esencia de nuestro Instituto es mirandina, la denominación bolivariana, y la tarea mirandina-bolivariana. Y así como la Gran Reunión Americana fue un centro propagandístico de la Independencia y de la República Federal continental, el Instituto Bolívar aspira a ser un centro propagandístico de la Reunificación.

Al pasar a la inmortalidad, el Precursor y los Libertadores nos han impuesto un mandato imperativo: continuar y consumar la obra reunificadora que iniciaron. Se consumará a través de una Larga Marcha de generaciones. Iniciarla es la misión inmediata del Instituto Bolívar.

 

Historia

El Instituto Bolívar no es obra de la moda ni de la improvisación, tampoco se debe a la muy meritoria corriente bolivariana que se inicia con el siglo y se concreta en el ALBA. El Instituto Bolívar se gestó durante la segunda mitad del siglo pasado mediante una actividad de estudio y divulgación a través de sinnúmero de conferencias, publicaciones de diversa índole, cursillos, seminarios, y en fin, una tesis doctoral (1976), centrados en torno a la idea de la Reunificación, y destinados en general al estudio y a la difusión del pensamiento bolivariano, así como al estudio de la historia hispanoamericana y a una revisión crítica de la historiografía liberal. El resultado de esta labor fue la fundación del Instituto en el año 2000.

Considerado en perspectiva histórica, es parte de los esfuerzos – que se anuncian a mediados del siglo pasado – destinados a reivindicar a Bolívar, y en general a nuestros Próceres, contra la apreciación denigrante, popularizada por los círculos izquierdizantes, introductores del marxismo. La difusión continental por parte de Aníbal Ponce, prominente miembro del partido comunista argentino, del insultante artículo de Marx sobre Bolívar es un ejemplo representativo.

Un esbozo histórico nos ayudará a comprender la cuestión.

Los unionistas del 1900, José Enrique Rodó, Manuel Ugarte, José Ingenieros y José Vasconcelos reivindicaban Visión Nacional, Emancipación, Reunificación. Rodó y Ugarte inspiran en gran medida la Reforma Universitaria que se inicia en Córdoba (1918); Ingenieros y Vasconcelos son maestros de la juventud reformista.

La generación de la Reforma, a la que pertenecen José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre, introduce el marxismo, que toma de la Revolución Rusa. Por el contenido de la doctrina y el modo de adopción imposibilita la continuidad histórica, indispensable para que la obra de los unionistas del 1900 fructificara. La discontinuidad histórica y la inflexión ideológica llevarán a las dos corrientes de la Reforma, la centrista y la izquierdista, a enrolarse en el Panamericanismo y la Internacional Comunista respectivamente, y a restaurar así la dependencia externa.

Con la ruptura de la continuidad histórica y la restauración de la dependencia se pierden esas ideas guías e ideas fuerzas, que son las ideas de Nación y de Patria. Para los panamericanistas no tienen papel alguno, para los comunistas sólo existe la patria soviética.

En la generación siguiente surgen corrientes en norte y sur del continente que redescubren la Nación y la Patria desde la perspectiva marxista. En la Argentina Jorge Abelardo Ramos en su obra de juventud América Latina, un país (1949) une a Marx y a Bolívar y ve en Latinoamérica una nación continental fragmentada que lucha por su unidad. En su obra de madurez Historia de la Nación Latinoamericana (1968) escribe: “cuando leíamos de jóvenes el Manifiesto Comunista aprendimos una de sus frases memorables: los obreros no tienen patria. ¿Pero esta frase revestía el mismo significado para nosotros latinoamericanos que para los europeos? No, por supuesto … De esto se deduce que negarse a defender la patria, invocando el Manifiesto Comunista es aliarse con frases de izquierda con el imperialismo extranjero, que tampoco reconoce la idea de patria en los pueblos que desea dominar”. Y como conclusión de su extensa obra afirma: “la tarea [reunificadora] de Bolívar pasa a los discípulos de Marx. Éstos no podrán realizarla, sin embargo, sin la tradición de Bolívar ni volviendo las espaldas a los movimientos nacionales”. En Cuba por la misma época, Fidel Castro une a Marx y a Martí en su labor de proselitismo y desencadena la revolución bajo el lema Patria o Muerte. En un discurso de 1971 afirma: “Hay que decir lo siguiente, para esclarecer las conciencias, para que los reaccionarios no confundan a nadie: una de las cosas que ha hecho la revolución y hacen las revoluciones es elevar al máximo los valores patrios, elevar al máximo la tradición patriótica”. Y en otro discurso del mismo año: “en nuestro país se ha elevado el patriotismo a sus niveles más altos. Pero a la vez que se eleva el patriotismo a sus niveles más altos, hemos elevado la conciencia internacionalista, el espíritu de solidaridad hacia los demás pueblos del mundo, y en especial hacia los pueblos de América Latina, que son nuestros hermanos ... porque algún día todos tendremos la misma patria sin dejar por ello de amar la tierra en que hemos nacido ... Ese será el inexorable futuro de este Continente ... algún día todos seremos hijos ilustres de una comunidad de 600 millones de habitantes, que será la América Latina Unida” 

Son pasos importantes hacia el retorno a la posición de los unionistas del 1900, incluso el Partido de la Izquierda Nacional Argentina de Jorge Abelardo Ramos reivindica a Manuel Ugarte como precursor. Pero si bien es una aproximación, no es una continuación histórica. En especial, no es la continuación del estudio de la Cuestión Nacional que los unionistas más implícita que explícitamente plantearon. A tal fin es indispensable, entre otras cosas, una profunda revisión de nuestra historia, o mejor dicho, una recuperación de nuestra historia, la historia que la República Criolla ha pretendido arrojar por la borda del olvido.

Este esbozo histórico está ampliamente desarrollado en la obra La Patria Grande. La Reunificación de Hispanoamérica. Historia de una Idea persistente, que es el punto de partida teórico de la actividad del Instituto Bolívar. Esta obra llega a la siguiente conclusión:

En los dos siglos de existencia de la República Criolla, erigida sobre la derrota de los Libertadores, se han importado tres doctrinas a las que se asignó la tarea de reorientar nuestras sociedades, o de regenerarlas, según ha sido costumbre decir y pensar. Regenerar en relación a la época que se llama colonial, época de esclavitud y tinieblas, según se afirma generalmente. Tales doctrinas fueron el liberalismo anglosajón, el positivismo francés y anglosajón, el marxismo germano. Ninguna trajo una solución. Bien decía Martí "ni el libro europeo, ni el libro yanqui daban la clave del enigma hispanoamericano". Hoy somos menos de lo que fuimos antes de la independencia, y mucho menos de lo que pudimos y debimos ser después. Esto no puede ser obra de la casualidad. Conviene detectar las causas.

Si bien estas doctrinas tenían por base principios generales, por no decir universales, se desarrollaron según el espíritu de la cultura europea y en función de las necesidades de su realidad. Entre nosotros se adoptaron con espíritu subalterno y en modo tal que se ignoraba lo que de nuestra realidad no existía en el modelo, y se creaba en la imaginación lo que del modelo no existía en nuestra realidad. Se obtuvieron así problemas ajenos en vez de soluciones propias. La adopción fue pues a la vez una devaluación, ya que se hizo a través de nuestras propias deficiencias; deficiencias que estas doctrinas no pudieron subsanar porque, aunque introducidas con esta intención, no fueron creadas con tal objeto.

Si los europeos crearon sus doctrinas en base a principios universales y los elaboraron según el espíritu de su cultura y las necesidades de su realidad, lo mismo podemos hacer nosotros, siguiendo el ejemplo de Bolívar, para luego decir como él: "y al fin tendremos todo propio, sin mendigar modelos". 

El estudio atento de la historia de Nuestra América en su contexto natural e inmediato de la cultura occidental nos lleva a la conclusión insoslayable que nuestra reorganización republicana y nuestra renovación social pueden realizarse sólo mediante doctrinas elaboradas según el espíritu de nuestra propia cultura. Precisa entonces determinar qué significa “nuestra propia cultura”, y qué significa, en general, cultura. Buena parte de los esfuerzos del Instituto Bolívar han ido y van en esta dirección.

En suma, el Instituto Bolívar es producto de una larga evolución, de una actividad de proselitismo y de un proceso de maduración intelectual. Se fundó en Berlín en el año 2000. Ni la fecha ni el lugar son casuales. En el nuevo siglo era preciso iniciar la marcha de generaciones hacia la Reunificación, luego de un largo proceso de maduración en el que pudimos convencernos de que era en fin necesario y posible tomar por ejemplo el arrojo de Bolívar y cesar de “mendigar modelos”, a fin de dirigir los esfuerzos hacia la elaboración de una doctrina propia. La tarea no es fácil pero tampoco imposible, si nos armamos del arrojo de Bolívar, nos despojamos de las antiparras extrañas, recuperamos lo mejor de nuestra tradición y perseveramos sin desmayo. El 2000 marcaba además el centenario de la publicación de Ariel, obra con que José Enrique Rodó inicia la lucha reunificadora del siglo XX. El Instituto Bolívar la continúa en el siglo XXI, y es en sentido estricto continuación de la obra de los unionistas del 1900 y de su reivindicación fundamental: Visión Nacional, Emancipación, Reunificación.

En Europa establecemos fácilmente contacto con naturales de todos los rincones de la Patria Grande, constatamos que somos “igualitos” y que es una absurdidad continuar desunidos. Muchos descubren allí la Patria común, la Patria Grande, y experimentan el aliciente de la Unión Europea. Berlín se perfila progresivamente como su capital, conciente e inconcientemente aspira a recobrar el status que tuvo en los años 20 como centro cultural del mundo, su Universidad tiene un Lateinamerika Institut, existe además un Iberoamerikanisches Institut y una Iberoamerikanische Bibliothek de 800,000 volúmenes, y en cuya entrada se encuentran efigies de los Libertadores. Es pues el lugar más adecuado de Europa para continuar la obra de la Gran Reunión Americana de Londres.

La razón social se registró en Alemania (2004) y en la Unión Europea (2008). La sede principal europea se encuentra en Berlín. En el 2010 se inaugura la sede principal sudamericana en Arequipa (Perú), ciudad situada en el centro de la Sudaméricana hispanoamericana. Progresivamente se instalarán filiales en otros países de Nuestra América. 

 

Representación

El Instituto Bolívar cumple al mismo tiempo la misión de representar a Nuestra América. Las grandes culturas de nuestra época tienen una institución que las representa frente al resto del mundo: el Goethe Institut de Alemania, la Alliance Française de Francia, The British Council de Inglaterra, el Instituto Cervantes de España, etc. El Instituto Bolívar cumplirá la función equivalente para Nuestra América, para un conjunto que en el nuevo siglo se aproximará a los mil millones de habitantes. Ningún nombre es más apropiado para representarlos.

El Instituto Bolívar es una iniciativa de compatriotas de la Patria Grande, no depende de organismo alguno, ni estatal ni paraestatal, ni oficial ni oficioso. Actúa en plena independencia y se financia por su propio esfuerzo.

La colaboración voluntaria e incondicional, de la forma que fuere, es bienvenida.

Director: Dr. Raúl Linares Ocampo 

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