Septiembre 2010
Cuando Miranda se ha convencido definitivamente que Inglaterra no apoyaría sus intentos de independencia y que prácticamente lo utilizaba de acuerdo a sus intereses, viaja a los Estados Unidos, de cuya independencia era un veterano, con la esperanza de encontrar allí apoyo oficial para la expedición que planea con dirección a Venezuela. Tampoco lo obtendrá. En todo caso, antes de abandonar Londres, escribe su testamento, ya que las circunstancias lo imponen. Dice allí:
„Dejo en la ciudad de Londres mis papeles, correspondencias oficiales con Ministros y Generales de Francia en tiempo que comandé los ejércitos de dicha República; y también varios manuscritos que contienen mis viajes e investigaciones en la América, Europa, Asia y África con objeto de buscar la mejor forma y plan de gobierno para el establecimiento de una sabia y juiciosa libertad civil en las colonias hispanoamericanas; que son a mi juicio los países más bien situados y los pueblos más aptos para ello de cuantos yo tengo conocidos ... Todos los papeles y manuscritos se enviarán a la ciudad de Caracas (en caso de que el país se haga independiente ...) para que colocados en los archivos de la ciudad, testifiquen los esfuerzos constantes que tengo practicados por el bien público de mis amados compatriotas“.
Agosto 2010
MISCELÁNEA MIRANDINA
Éste y los meses siguientes estarán destinados a iluminar la figura histórica, cuya vida y obra inspiran al Instituto Bolívar: Francisco de Miranda, un Gigante de América, uno de los grandes personajes que marcaron la historia del mundo occidental del siglo XVIII. Por increíble que sea, es relativamente desconocido entre nosotros, no siendo menos que un Bolívar. Esta circunstancia no es casual. Los motivos hay que buscarlos en la historia de la República Criolla. Pero esto es otro tema del cual nos ocupamos en otro lugar.
Si su vida y obra debieran expresarse en cinco palabras, serían éstas: “El continente colombiano, Patria mía”. Lo que esto significa, se aclara en su correspondencia, en la cual se encuentra con frecuencia la expresión: “continente colombiano, alias Hispanoamérica”. Francisco de Miranda, nacido en Caracas en 1750, ha vivido la realidad de la unidad del mundo indiano, de ese mundo que en días de Miranda se extendía del … ¡Misisipí al Cabo de Hornos!
Su vida conoció una sola pasión: luchar por la independencia del continente colombiano y su organización en una República Federal.
Mayo del 2010
PATRIA
"Primero el suelo nativo que nada: él ha creado con sus elementos nuestro ser; nuestra vida no es otra cosa que la esencia de nuestro pobre país; allí se encuentran los testigos de nuestro nacimiento los creadores de nuestra existencia y los que nos han dado el ser por la educación; los sepulcros de nuestros padres yacen allí, y nos reclaman seguridad y reposo; todo nos reccuerda un deber, todo nos excita sentimientos tiernos y memorias deliciosas; allí fue el teatro de nuestra inocencia, de nuestros primeros amores, de nuestras primeras sensaciones y de cuanto nos ha formado. ¿Qué títulos más sagrados al amor y a la consagración? ". Bolívar al General Andrés de Santa Cruz, Popayán , 26 de octubre de 1826 .
JUNIO 2010
Medite el lector sobre estos pensamientos del célebre escritor argentino Ricardo Rojas (1882-1957) contenidos en su célebre obra Eurindia:
“Hay en la evolución argentina, como en la de otras naciones, una cierta unidad orgánica entre el territorio, la raza, la tradición y la cultura.
El territorio es no sólo una jurisdicción política, sino un crisol de fuerzas cósmicas que obran sobre la raza, dándole un carácter regional y trascendiendo por el hombre a la historia. Diríase, que, por este fenómeno, los dioses locales se hacen visibles en la naturaleza.
La raza es no sólo el etnos material de la ciencia, sino la conciencia colectiva de un pueblo homologada por la emoción territorial y por la atmósfera común en la convivencia histórica. Diríase, que, por este fenómeno, la patria se refrange en el espíritu, pasando del espacio al tiempo.
La tradición es la persistencia de las divinidades telúricas y de los caracteres sociales a través de las generaciones, de modo que la tradición no es solamente lo autóctono sino también lo asimilado, ni es solamente lo perecedero sino también lo durable de la vida colectiva. Diríase que, por este fenómeno, la agrupación nacional persiste como un ser individual.
La cultura es, finalmente, la organización de las tradiciones en un cuerpo de instituciones políticas, de doctrinas filosóficas y de símbolos emocionales, que dan a la nación conciencia de sí misma. Diríase que, por este fenómeno, la nacionalidad llega a su madurez, convirtiéndose en un actor de la civilización humana.
Así mostrada esta unidad orgánica se ve que el territorio influye sobre la raza, la raza sobre la tradición, la tradición sobre la cultura, por simple fatalidad natural; pero que, a su vez, por un reflujo conciente del espíritu, la cultura influye sobre la tradición y ésta sobre la raza, y ésta sobre el territorio, en permanente unidad funcional.
Expresión suprema de semejante fenómeno, son el idioma, la literatura y el arte. En ellos la conciencia colectiva va inscribiendo imágenes, ideas y sentimientos. Descubrir en ellos su origen, su carácter y su destino es acelerar la autonomía de una cultura.
El estudio de tales documentos me ha permitido descubrir cuatro tendencias de nuestra sensibilidad: lo indígena o americano, lo colonial o español, lo europeo o cosmopolita y lo nacional o argentino. Estas cuatro tendencias han producido símbolos fragmentarios.
Dentro de la cultura, a su vez, la expresión simbólica se ha manifestado por series sincrónicas en política o paralelas en arte, de suerte que hay un sincronismo de formas homólogas en gobierno, religión, economía, enseñanza y moral, como hay un paralelismo de formas homólogas en poesía, danza, arquitectura, pintura, escultura y música.” (Cap. LXXXVIII – La Nueva Estética)
Julio del 2010
MITO
Uno de los infinitos mitos, que el rival histórico ha inventado y difundido con el objeto de apocarnos, afirma que la tripulación del viaje del Descubrimiento de América constaba de presidiarios. Esta hazaña técnico-científica llevada a cabo por la primera potencia del mundo de entonces, puede compararse – guardando las relaciones convenientes – con el desembarco en la luna, llevado a cabo por la primera potencia del mundo del presente. ¿Puede imaginarse que la nave espacial se hubiera tripulado de presidiarios? En ambos casos la tripulación debía ser lo mejor que el mundo de la época podía dar en cuanto a técnica, ciencia y ética. Esto por razones obvias. Pero el mito es obviamente irracional e interesado. Poco importa además que en el caso de la tripulación de Colón se tenga la nómina de toda la tripulación. No contiene un solo caso de un presidiario.Una vez creado el mito, es muy fácil extrapolarlo: Nuestra América fue poblada por presidiarios, delincuentes, maleantes, etc., etc. de los cuales descendemos. Y como de tal palo tal astilla … el rival histórico, inventor del mito, es superior. O dicho de otra manera: nosotros le somos inferiores. Esto es denigración, y aunque es ya suficientemente grave, no queda ahí. Se va aun mucho más lejos, hasta la autodenigración. En efecto, nuestra escuela difunde estos mitos, dándoles la calidad de hechos históricos.Para aclarar, baste recordar que la legislación indiana controlaba la emigración hacia las Indias e impedía que sujetos, que no eran “buenos cristianos” y no certificaran impecable conducta, pasaran a las Indias. En el norte de América, la ocupación anglosajona comienza un siglo después de la española. Al respecto dice Ricardo Becerra en su clásica biografía del Precursor Francisco de Miranda: “Las primeras expediciones que zarparon con rumbo a las tierras descubiertas fueron miserablemente patrocinadas por unos mercaderes de Bristol y de Londres, y eran verdaderas expediciones de argonautas en busca del vellocino de oro. Componíanse en su mayor parte de comerciantes fallidos, ansiosos de rehacer prontamente en el Nuevo Mundo la fortuna que habían perdido en el Antiguo, y de famosos criminales, que obligados a escoger entre la horca y su emigración a las lejanas comarcas, optaron, naturalmente, por lo último. Eran raros, entre esos expedicionarios, los agricultores y artesanos de profesión, como que el común propósito era únicamente el de hacer pie en la tierra por el tiempo estrictamente necesario para recoger las riquezas metálicas que se suponía abundaban en ella. La labor realmente colonizadora no principió sino en 1620, cuando ya España y Portugal habían adelantado considerablemente su parte en la obra”.



Comentario del Mes